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Aparición mariana

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Una de la apariciones más famosas es la de Guadalupe en México
Una de la apariciones más famosas es la de Guadalupe en México

En el catolicismo, las apariciones marianas son las presuntas manifestaciones de la Virgen María - también llamadas mariofanías - ante una o más personas, en un lugar y tiempo histórico determinado. Algunas han sido reconocidas por la Iglesia.

Algunas de estas apariciones han dado origen incluso a lugares de culto o peregrinación conocidos como Santuarios, algunos de ellos muy famosos. Otras han inspirado la creación de órdenes religiosas (Mercedarios, Anunciata, Dominicos, Servitas, Orden de Guadalupe), pero la mayoría no han tenido un fin institucional, sino de renovación espiritual, y sirven también en los casos más conocidos como destino de peregrinación.

Tabla de contenidos

[editar] Las apariciones según el racionalismo teológico

En la teología católica, se ha acentuado la consideración negativista de las manifestaciones, ya fueran epifanías, pero sobre todo las marianas, tendencia articulada ya desde el siglo XIV por Gerson. Se las considera como Revelaciones Privadas, las cuales siempre han sido tratadas con sumo cuidado y reserva entre los formadores católicos, aduciendo testimonios como los siguientes:

Las revelaciones privadas no conciernen a la fe católica y no pertenecen al fundamento y principio de la doctrina eclesiástica, es decir, de la verdadera y auténtica teología, porque la fe no es una virtud privada, sino común

Melchor Cano, Opera de locis regis, libro 12

Se aduce también este párrafo de San Juan de la Cruz, que sacado de contexto, para extender el rechazo de las manfiestaciones, en favor de una religiosidad común, esto es, sin mística, y que debe ser entendida en el marco de la severa persecución sufrida por el santo, en el contexto de la represión de la mística popular propia del siglo XVI:

…el alma pura, cauta y sencilla, y humilde, con tanta fuerza y cuidado ha de resistir las revelaciones y otras visiones, como las muy peligrosas tentaciones

San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo, 2, c.27

Esto se debe a que en la teología católica la revelación de Dios ha quedado cerrada con la muerte del último de los apóstoles (Revelación pública), por tanto una revelación posterior y privada, sea de Jesús, María o un ángel, no puede añadir nada a lo ya revelado, es el principio de la certidumbre de la revelación contra la incertidumbre relativa de las apariciones que suponen un componente personal en el o los videntes.

Vistas en su aspecto positivo, las apariciones marianas ayudan en la medida en que motivan a los creyentes a una vida coherente con su fe, y los mensajes remitan siempre a la Revelación Pública. Como señala Santo Tomás de Aquino, las revelaciones privadas son relativas a la virtud de la Esperanza antes que a la de la Fe.

[editar] Itinerario histórico

La tradición religiosa católica recoge como primera aparición mariana a la llamada "Virgen del Pilar". Documentos del siglo XIII hacen mención a la antigua historia de la aparición de la Virgen María, estando ella viva en Jerusalém, al apóstol Santiago "el Mayor" cuando éste predicaba en tierras españolas, concretamente en Zaragoza, junto al río Ebro.

En la edad media los relatos de apariciones se hacen sumamente populares. En la literatura de ésta época, textos como Los milagros de Nuestra Señora, del español Gonzalo de Berceo (siglo XI) o las Cántigas de Alfonso X el Sabio reflejan la praxis celestial de María, para salvar de peligros, para consolar a sus devotos, para implantar un espíritu de misericordia, para renovar la fe, y reconquistar regiones enteras para la fe católica. Mujeres como Santa Gertrudis, Santa Brígida, Santa Catalina y Santa Juana de Arco (+1431) son una muestra de esta situación que, sin ser mensajes exclusivamente de la Virgen, son aceptados por las autoridades de la Iglesia.

Hasta el siglo XIII las apariciones tuvieron una fácil aceptación por la Iglesia. A partir de esa época, el clima dejará de ser tan favorable, especialmente por la difusión de las tesis de Jean de Gerson, que marcarán un pensamiento en extremo restrictivo, que plantearán la exigencia de "pruebas" mediante un método de criterios de verificación, que dejaba fuera el utilizado hasta entonces el "inspiracional" o revelación interna de los jueces, y que supondrán la entrada del racionalismo espiritualista. Este se escorará inevitablemente hacia un juicio negativo, como mero velo justificativo, ante la percepción de amenaza para el poder eclesial, que brotaba de cualquier movimiento espontáneo no organizado; el método tenía sus ventajas, al condenar ya fuera el fenómeno aparicionista cierto o no, se impedía un desarrollo del que nunca era previsible la evolución. Esto explicará porqué los primeros opositores a las videncias infantiles sean los mismos padres, sabedores del rigor inquisitorial y de los problemas ante el estamento eclesiástico y político, del hecho aparicionista.

En ese clima de semiclandestinidad, paradójico en un tiempo aún de dominio social y cultural del catolicismo, las apariciones serán de manera recurrente apreciadas por los creyentes del pueblo natural.

La reforma protestante, con su invocación exclusivista de Cristo, será prácticamente sin exclusión contraria a las apariciones o mariofanías. Ello ha sido así antes, durante y después de la Reforma: antes, por ejemplo en el movimiento de los hermanos de la fe común, dentro del clima de la mística renana y de los países bajos), serían devastados los santuarios marianos, originados en su mayor parte en mariofanías, porque, amén de fines de apropiación material, las iglesias reformadas no dan otro papel a María que el biológico o de simple honra humana; y ya en los tiempos modernos, los movimientos generados tras el orden conciliar, no plantean ningún valor epifánico a la figura de María, insistiendo en un orden "común" del que quedaría excluida la manifestación que no fuera de orden interno, por completo subjetiva.

Frente a estas tesis, la teología mariofánica de la pléyade de fundadores de órdenes religiosas es muy explícita a este respecto (Juan Eudes, padre Colin, Juan Bosco, Guillermo José Chaminade y naturalmente el fundador redentorista Alfonso de Ligorio, siendo uno de los mariófilos más grandes Santo Domingo de Guzmán fundador de la Orden de Predicadores) expondrá sin ambages la condición de vanguardia de María no sólo dogmática o devocional, sino de acción. Y esta acción incluye de manera genuina, y por decirlo así "natural", la manifestación mariana y su conducción necesaria de la Iglesia en todos los órdenes, si bien estrictamente no es necesario el reconocimiento explícito oficializado, e incluso evita potenciales manipulaciones.

[editar] Lista de apariciones marianas

[editar] Enlaces externos

[editar] Bibliografía

  • Laurentín, René. Apariciones Actuales de la Virgen María. 2da Edición. 1991. Ediciones RIALP.
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