Batalla de Ocaña
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| Batalla de Ocaña | |||||||
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| Parte de Guerra de la Independencia Española, dentro de las Guerras Napoleónicas | |||||||
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| Beligerantes | |||||||
| Comandantes | |||||||
| Mariscal Soult | general Aréizaga | ||||||
| Fuerzas en combate | |||||||
| 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillerÃa | 51.896 infantes, 5.766 caballos, 35 piezas de artillerÃa y algunas compañÃas de zapadores | ||||||
| Bajas | |||||||
| 2.000 muertos | 4.000 hombres, entre muertos y heridos | ||||||
La batalla de Ocaña fue una batalla de la Guerra de la Independencia Española. Tuvo lugar el 19 de noviembre de 1809 junto al municipio toledano de Ocaña. Enfrentó a un ejército francés de unos 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillerÃa al mando del Mariscal Soult con otro español de unos 51.869 hombres, de los cuales 5.766 de caballerÃa, con 55 piezas de artillerÃa al mando del general Aréizaga.
Tabla de contenidos |
[editar] Preparación
Después de la batalla de Talavera, don Francisco de EguÃa sucedió al general Cuesta en el mando del Ejército de Extremadura. Cumpliendo las órdenes de la Junta Central, EguÃa pasó a reunirse con el Ejército de La Mancha, que derrotado en la batalla de Almonacid se habÃa situado en Sierra Morena, sentando a finales de septiembre su Cuartel General en el municipio ciudadrrealeño de Daimiel, donde tomó el mando. Situado el ejército inglés de lord Wellington en Portugal, EguÃa sólo habÃa dejado en Extremadura unos 12.000 hombres al mando del duque de Alburquerque.
El ejército formado por la Junta Central era el mejor y más fuerte que España habÃa conseguido reunir tras el desastre de Tudela, gracias a los uniformes, armas y equipación enviados por los aliados británicos. Los efectivos con los que contaban el 3 de octubre eran 51.896 infantes, 5.766 caballos, 35 piezas de artillerÃa y algunas compañÃas de zapadores.
En cuanto al ejército francés, ya concentrados de nuevo después de su victoria de Almonacid de Toledo, efectuaron un movimiento ofensivo en dirección a Daimiel, por Villarrubia de los Ojos con el I Cuerpo al mando del mariscal VÃctor, y por Villaharta a Manzanares con el IV Cuerpo del mariscal Sebastiani, lo que obligó de nuevo al Ejército de La Mancha a volver a su refugio de Sierra Morena. Este hecho disgustó en extremo a la Junta Central, que acariciaba la idea de arrojar al enemigo de Madrid y el general EguÃa fue destituido debido a su irresolución y conducta en extremo prudente, sucediéndole en el cargo el general don Juan Carlos de Aréizaga, quien se habÃa dado a conocer recientemente en la batalla de Alcañiz y se encontraba en Lérida, comisionado por el general Blake, para preparar la resistencia de la ciudad a los ataques de los franceses de Aragón. Fue nombrado Jefe del ejército del Centro el 22 de octubre de 1809, tomando posesión al dÃa siguiente.
[editar] Movimientos previos
El 3 de noviembre, Aréizaga se traslada con sus tropas pasando del Cuartel general a Santa Cruz de Mudela y el 7 de noviembre a Herencia. Las tropas de Aréizaga estaban organizadas en una vanguardia, siete divisiones de infanterÃa y otra de caballerÃa, mandadas respectivamente por los brigadieres Zayas, LuÃs Lacy, Gaspar de Vigodet, Pedro AgustÃn Girón, Francisco González Castejón; mariscales de campo Tomás de ZeraÃn y Pelegrin Jácome; brigadieres Francisco Cópons y mariscal de campo Manuel Freire, muy experto el último en el manejo de la caballerÃa.
La caballerÃa precedÃa al ejército para explorar el terreno, que se apresuraban a abandonar los jinetes imperiales franceses de Milhaud y ParÃs al ver la rapidez con que avanzaban los españoles. A pesar de ello, tuvieron lugar algunos combates, como sucedió en la Cuesta del Madero y a las mismas puertas de Ocaña, junto a cuya villa se encontraba ya reunido el dÃa 11 de noviembre todo el ejército español, habiéndola abandonado la noche anterior la brigada Milhaud y la división polaca del IV Cuerpo, que se replegaron hacia Aranjuez.
Aréizaga se dispuso el 14 de noviembre a efectuar el paso del Tajo, la División Lacy por Colmenar de Oreja y el resto del ejército por Villamanrique de Tajo, donde a uno y otro vado desplegaron los ingenieros españoles dos puentes de carros. Dicha operación se vio entorpecida por un temporal que duró tres dÃas. Este inesperado contratiempo desconcertó a Aréizaga y desistió de ella, perdiendo un tiempo precioso, pues mientras él permanecÃa en Santa Cruz de la Zarza en la mayor indecisión, los franceses reunÃan en Aranjuez todas sus fuerzas al mando del rey José Bonaparte en persona, con el mariscal Soult: 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillerÃa que mandaba el general Sénarmont. Sin embargo, recelosos todavÃa los franceses y sin resolverse a tomar la ofensiva, dejaron que Aréizaga avanzase de nuevo a Ocaña el 18 de noviembre, donde hubo un choque de caballerÃa en OntÃgola, pudiendo el general español establecer allà tranquilamente sus tropas en la mañana del 19 de noviembre, al saber que los franceses habÃan al fin determinado atacarle.
[editar] Primeros ataques
El Ejército español formó en dos lÃneas a derecha e izquierda de Ocaña con la caballerÃa en los flancos: el grupo mayor, mandado por el general Freire, a la derecha, un poco a retaguardia y el otro grupo que mandaba el coronel Ossorio. A las diez de la mañana rompieron el fuego las guerrillas de uno y otro ejército, dirigiéndose el mariscal Mortier con las divisiones polaca y alemana del IV Cuerpo, apoyadas por otra del V Cuerpo, contra la derecha y centro del ejército español, mientras la de Dessolles se presentaba al frente de Ocaña por la derecha de aquellas y el general Sénarmont establecÃa casi toda la artillerÃa de ambos cuerpos en una prominencia que dominaba perfectamente el campo de acción, quedando en reserva con la Guardia Real y las tropas restantes.
La caballerÃa imperial francesa, puesta a las órdenes del general Sebastiani, dio un gran rodeo para practicar un movimiento envolvente sobre la derecha española, objetivo principal del ataque.
[editar] Comienza la batalla
La primera acometida de los soldados polacos fue rechazada por los españoles, que salieron a su encuentro y sólo pudieron ser contenidos en su avance por la artillerÃa francesa, bajo cuya protección se rehizo de nuevo el frente polaco. El frente español reiteró el ataque con más energÃa y pese a los esfuerzos de su artillerÃa fue empujada la lÃnea española a retaguardia, teniendo al fin que efectuar un cambio de frente, ante la amenaza de la caballerÃa de Sebastiani que se divisaba ya hacia su flanco. Dicho movimiento, difÃcil en circunstancias tan crÃticas, incluso para tropas veteranas, lo efectuaron las tropas españolas, unas en desorden, otras con el mayor aplomo y serenidad, sobre todo las de la 1ª División, cuyo jefe, el brigadier Lacy, empuñando la bandera del regimiento de Burgos, para alentar a los suyos, escarmentó a los que de cerca le acosaban, siendo herido el general francés Lewal, que perdió además uno de sus ayudantes. También fue, por la parte española, gravemente herido, el marqués de Villacampo, ayudante de Lacy.
Viendo el mariscal Mortier que flaqueaba su primera lÃnea, mandó a Girard que con su división (la 1ª del V Cuerpo), marchase por los intervalos de aquella contra los españoles, los cuales, observando que por su izquierda las tropas de Desolles estaban próximas a penetrar en Ocaña y que por su derecha la caballerÃa española huÃa ante la gran masa de jinetes franceses dispuestos a la carga, cedieron al fin buscando el apoyo de la vanguardia.
[editar] Final de la batalla
Poco más tarde del mediodÃa, la caballerÃa imperial francesa, dejando cortados en su rápido movimiento envolvente regimientos enteros, obligó al ejército español a rendir las armas. En las filas españolas, todo fue confusión y pánico, siendo impotentes los jefes y oficiales para contener la dispersión.
Zayas, recibiendo a cada instantes órdenes contradictorias, se mantuvo algún tiempo en su puesto, pero ocupada la villa de Ocaña por los soldados de Girard y de Desolles, tuvo también que retirarse, aunque lo hizo en buen orden, retrocediendo paso a paso hasta llegar a Dosbarrios, donde fue al fin envuelto en la derrota general. Tan sólo la división Vigodet pudo mantenerse unida y en formación ordenada gracias al ejemplo del regimiento de la Corona, cuyo Cuerpo, rodeado de franceses, juró ante su coronel don José Luis de Lioni no separarse de sus oficiales, y salvar cinco piezas de artillerÃa con sus carros de municiones, sirviendo aquella División de núcleo para que se le reuniesen algunos Cuerpos de las restantes y unos 200 caballos, cuya columna se dirigió a Yepes, más tarde a La Guardia, y hallando este pueblo ocupado por el enemigo a Turleque, en cuyo punto volvió a ponerse a las órdenes de su general en jefe, sin haber dejado en tan largo y tortuoso camino ni un hombre ni una pieza.
Aréizaga permaneció durante toda la batalla encaramado en una de las torres de Ocaña, atalayando el campo, pero sin dar disposición alguna ni dirigir la marcha del combate y después tomó el camino de Dosbarrios, La Guardia y Daimiel, donde el 20 de noviembre informó a la Junta Central de la catástrofe. Ésta fue espantosa, pues 4.000 hombres resultaron muertos o heridos, de quince a veinte mil prisioneros y se perdieron 40 cañones, equipajes, vÃveres, etc., casi todo el material de ejército español. El regimiento de España perdió sus dos primeros jefes, 35 oficiales y 800 soldados entre muertos, heridos y prisioneros; el de Málaga las dos terceras partes de su fuerza, y asà la mayor parte de los Cuerpos. A pesar del desastre y la derrota sufrida, Aréizaga recibió el agradecimiento de la Junta Central y compensaciones por los servicios prestados.
[editar] Anécdotas
- Algunos Cuerpos, como el Batallón de Vélez-Málaga, se abrieron paso a la bayoneta por las calles de Ocaña; los batallones de Burgos y Chinchilla dieron también brillantes cargas.
- La CompañÃa de granaderos de Bailén de la que era capitán don Francisco Zavala consiguió, auxiliada por el ayudante don ValentÃn de Torres y los subtenientes don Manuel Sánchez y don Pedro López, desembarrancar una baterÃa y salvar a brazo las piezas.
- El cabo Antonio MartÃn, de la CompañÃa de Voluntarios de Sevilla, viendo al subteniente abanderado herido y postrado en tierra, recogió de sus manos la bandera, y rodeándola a la cintura debajo del uniforme, la mantuvo oculta todo el tiempo que estuvo prisionero, hasta que, habiendo logrado fugarse, pudo presentarla el 31 de diciembre a su general en jefe en La Carolina. Fue recompensado con la subtenencia de la misma bandera (según Gaceta del 3 de abril de 1810).
- El sargento de Córdoba, Andrés Quercó, al ver que el enemigo arrebataba una de las banderas del regimiento, pasó por entre las filas contrarias y llegando al punto donde estaba la bandera, se apoderó de ella dando muerte al que la empuñaba y se reunió después con su Cuerpo en Puertollano, ostentando su glorioso trofeo.
- Un soldado de Málaga era conducido al hospital a hombros de sus compañeros, tras perder las dos piernas por el impacto de una bala de cañón, y al pasar por delante de su regimiento tiró al aire su chacó, exclamando: ¡Esto no es nada, compañeros: viva Fernando VII!
[editar] Véase también
[editar] Referencias
- Ontalba Juarez / Ruiz Jaén, Florencio / Pedro Luis (2006), La batalla de Ocaña, Diputación de Toledo. ISBN 84-96211-17-7.
- Batalla de Ocaña