Chrysocyon brachiurus
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| Aguará guazú | |||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Clasificación cientÃfica | |||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Nombre binomial | |||||||||||||||||||||||||||||||||
| Chrysocyon brachyurus Illiger, 1815 |
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El aguará guazú (del guaranÃ, «zorro grande»), también llamado lobo de crin, lobo de los esteros o lobo colorado, es un cánido autóctono de las regiones de espesuras y pastizales del Chaco y la cuenca del los rÃos Paraguay y Paraná en Sudamérica. Es el mayor de los cánidos de la región. Es inofensivo para el hombre y el ganado; sin embargo la ocupación de su hábitat y la caza lo han reducido a zonas aisladas. Se encuentra registrado en el Apéndice II del listado de especies protegidas de CITES.
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[editar] Hábitat
Aunque en la actualidad se lo encuentra ocasionalmente en zonas selváticas, el aguará guazú prefiere las praderas y los pastizales en zonas inundables. Pese a su denso pelaje, está adaptado a las regiones subtropicales. Los grupos existentes se distribuyen desde el rÃo Parnaiba en Brasil y la sabana de palmeras del Perú hasta la cuenca del Paraná, ha desaparecido hace pocos años en Uruguay.
[editar] Descripción
El aguará guazú es corpulento en comparación con otros cánidos silvestres, una impresión reforzada por la densidad de su pelaje y la distintiva melena de crines alrededor del cuello. Alcanza los 75 cm de altura a la cruz, y hasta los 130 cm de longitud, a los que hay que sumar unos 40 de cola. Puede superar los 20 kg de peso. La estructura del cuerpo se asemeja a la de un zorro, aunque las patas largas le dan un aire desgarbado muy peculiar
El pelaje es largo y tupido, de color rojizo, más largo en la región del cuello, con el vientre más claro. Presenta marcas negras en el hocico, las extremidades y a lo largo de la espina dorsal, asà como otras blancas en la garganta, el interior de las orejas y ocasionalmente en el extremo de la cola.
La cabeza es alargada y pequeña en relación al tamaño del cuerpo; la melena eréctil le permite parecer más grande para amenazar a sus congéneres. Las pupilas de los ojos son circulares, a diferencia de los zorros, que las tienen en forma de elipse vertical. Las orejas son grandes, lo que facilita el intercambio de calor con el medio ambiente para reducir la temperatura corporal. Tiene fuerte uñas en las extremidades delanteras, aunque es incapaz de excavar con ellas. Las patas largas lo dotan de una visibilidad superior en las regiones de pastos altos en las que habita. Como la hiena, mueve las extremidades de un mismo lado al caminar, dejando una huella distintiva.
El aguará guazú no está directamente relacionado con ninguna otra especie conocida de cánido, aunque algunos estudios lo emparentan con el lobo de Malvinas (Dusicyon australis). Se supone que evolucionó independientemente desde el Pleistoceno; no se han hallado ejemplares fósiles de otras variedades del género Chrysocyon.
[editar] Hábitos
El aguará guazú se mantiene por lo general oculto durante el dÃa; caza proferentemente en horario crepuscular, aunque está también activo de noche. Es omnÃvoro, y obtiene la mayor parte de sus calorÃas de frutos y raÃces tiernas; sin embargo, son buenos cazadores. Acechan su presa —roedores pequeños, especialmente conejos, liebres y cuises, además de lagartos, ranas y aves— para matarla de improviso; aunque pueden desarrollar buenas velocidades en carrera, normalmente no persiguen a la presa. Comen también huevos de aves y reptiles, y de ser necesario carroña. La dentición refleja sus hábitos alimentarios, mostrando molares bien desarrollados e incisivos superiores relativamente débiles.
El aguará guazú no forma manadas en ningún momento del año. Alrededor del año de edad madura sexualmente; un año más tarde forma una pareja estable; no caza ni duerme en común, pero ocasionalmente ocupan el mismo cubil. La pareja habita en un territorio común, al que defiende de las incursiones de otros cánidos., de hasta 25 km². Son fuertemente territoriales; aún en cautiverio la convivencia entre ejemplares del mismo sexo es difÃcil y áspera.
A comienzos de otoño la hembra inicia el estro; su receptividad dura sólo cinco dÃas en promedio. Desde el apareamiento hasta la madurez de las crÃas, la pareja se mantendrá junta. Ambos padres cuidan de los cachorros, que nacen tras dos meses de gestación. Una camada habitual tiene dos o tres ejemplares, aunque en cautiverio se han registrado hasta seis nacimientos. Las crÃas pesan unos 400 g, y nacen ciegos e indefensos como otros cánidos; al nacer no presentan pelaje, que comienza a crecer a los pocos dÃas. Hasta los tres meses de edad la coloración es gris ceniza muy oscuro, que los ayuda a disimularse entre la vegetación. Los padres los alimentan y cuidan hasta cerca del año de edad; luego abandonan el territorio y se desplazan por la zona hasta encontrar un área desocupada y pareja.
El aguará guazú no aulla; se comunica a la distancia mediante ladridos roncos y graves. Las situaciones de conflicto, cuando un ejemplar entra al territorio de otro pese a las marcas olfativas que lo delimitan, suscitan un gruñido similar al de los perros.
[editar] Protección, cuidado y riesgos para el hombre
El aguará guazú no constituye riesgo para el hombre o para el ganado doméstico; prefiere presas más pequeñas, y es excesivamente tÃmido para incursionar en estancias o poblados. Sin embargo, ha padecido extensamente la caza, motivada entre otras razones por la superstición que lo asimila al lobizón u hombre lobo. La transmisión de enfermedades exóticas lo ha mermado también considerablemente.
Hoy está protegido en todo su hábitat; quedan ejemplares al este del Chaco, en Formosa, en Corrientes, Santiago del Estero el extremo noreste de Córdoba y en el norte de Santa Fe, asà como en el Brasil y en el Chaco paraguayo. La desaparición del hábitat no lo amenaza, puesto que no requiere de forestación. Resulta más grave la captura de animales para exhibición en zoológicos, donde es muy apreciado por su forma peculiar.
[editar] Creencias asociadas
El aguará guazú ha generado, en la región del noreste argentino y el Paraguay, la creencia en el lobizón. Se trata ésta de un mito similar al del hombre lobo europeo, donde el séptimo hijo varón se transforma las noches de luna llena en una criatura mitad hombre, mitad lobo. Para los estudiosos del folclore sudamericano, la raÃz de esta creencia deriva del aspecto de este cánido.