Cuauhtémoc
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Cuāuhtémōc (náhuatl: cuāuh- 'águila' témōhuia 'descender, bajar'), (1495 – m. ca. 1524/1525) fue el último huey tlatoani mexica de México-Tenochtitlan. Asumió el poder en 1520, un año antes de la toma de Tenochtitlan por Cortés y sus huestes.
El nombre Cuāuhtémōc que significa literalmente 'Águila descendió (se posó)'. La forma honorífica de Cuāuhtémōc es Cuāuhtémōctzīn (el sufijo -tzīn se usa para designar una dignidad similar a "Don" o "Señor" en español).
Cuāuhtémōc fue sobrino de Motecuhzoma Xocoyotzin y, como Cuitláhuac, tendría que haber sido marido de su hija Tecuichpo (náhuatl, 'copo de algodón') al llegar ésta a la nubilidad. Cuando asumió el poder, los conquistadores ya habían sido expulsados de Tenochtitlan, pero la ciudad estaba devastada por el hambre, la viruela, y la falta de agua dulce. Cuauhtémoc llegaba a este momento tras haber sido tlalcochcálcatl (jefe de armas) de la resistencia a los conquistadores, dado que desde la muerte de Motecuhzoma previo a la Noche Triste, se le identifica como líder militar de los mexicas.
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[editar] Actuación durante la Conquista
Cuauhtémoc se dio a la tarea de reorganizar el ejército mexica, reconstruir la ciudad y fortificarla para la guerra contra los españoles, pues suponía que los éstos regresarían a pelear contra los mexicas. Envió embajadores a todos los pueblos solicitando aliados, disminuyendo sus contribuciones y aun eliminándolas para algunos.
Los españoles regresaron un año después de haber sido expulsados y con ellos venía un contingente de más de 150 mil aliados indígenas, la mayoría de ellos tlaxcaltecas cuyo deseo de venganza en contra de los mexicas era muy grande. Después de un cruento y despiadado sitio que duró 80 días, el 13 de agosto de 1521, los españoles, que eran comandados por Hernán Cortés, lo capturaron en Tlatelolco. La canoa en la cual iban él, su familia y sus más allegados guerreros, fue alcanzada por un bergantín español piloteado por García Holguín. Cuauhtémoc exigió ser llevado ante Malinche (así llamaban a Cortés los mexicas, que es un término patronímico de Marina su concubina indígena[cita requerida] y una vez en su presencia, señalando el puñal que el conquistador llevaba al cinto, le pidió que lo matara con él, pues no habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos, prefería morir a manos del invasor[cita requerida].
De la importancia que los españoles concedieron al prendimiento de Cuauhtémoc, tlatoani mexica, da idea la disputa entre García Holguín y Gonzalo de Sandoval por atribuirse el mérito de la captura, que ya veían reflejada en sus escudos de armas, como lo estuvo la cabeza de Cuauhtémoc, según Madariaga, en el escudo del propio Cortés[cita requerida].
[editar] El tormento
A Cortés no le interesó en ese momento la muerte de Cuauhtémoc. Prefería utilizar ante los mexicas su dignidad de Tlatoani, ahora subsidiaria del emperador Carlos V y del propio Cortés. Así lo hizo con éxito, aprovechando la iniciativa y el poder de Cuauhtémoc para asegurar la colaboración de los mexicas en los trabajos de limpieza y restauración de la ciudad. En los cuatro años que siguieron, la codicia de los españoles, su desconfianza en Cortés, y el miedo de éste, que le llevó repetidamente a tomar decisiones indignas, determinaron el tormento y la muerte del último tlatoani mexica.
Primero fue el tormento, surgido de la codicia del oro: Bernal Díaz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España[1] narra detalladamente cómo cundió la desconfianza entre los españoles, al desmentir tercamente la realidad sus soñadas riquezas. El oro que habían obtenido en total (83 200 castellanos) no era suficiente para repartir de forma satisfactoria entre toda la tropa española, por lo que iniciaron suposiciones por parte de los mandos para obtener más oro. Lo probable para ellos era que después de la Batalla del Canal de los Toltecas los mexicas recuperaron el botín y lo habían echado a la laguna o que lo habían robado los tlaxcaltecas o bien los propios soldados españoles. De ahí que fueran los oficiales de la Real Hacienda, y sobre todo el tesorero Julián de Alderete, y no Cortés, que se limitó a consentirlo, los que ordenaran -Bernal Díaz y López de Gómara así lo argumentan[2] - el tormento de Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal. Los testimonios de Díaz del Castillo, López de Gómara y las acusaciones hechas a Cortés posteriormente en su juicio de residencia coinciden en que fueron torturados mojándoles los pies y las manos con aceite y quemándoselos.[2] Según Bernal, Cuauhtémoc confesó que cuatro días antes "que le prendiesen lo echaron en la laguna, así el oro como los tiros y las escopetas que nos habían tomado a la postre a Cortés, y fueron a donde señaló Guatemuz a las casas en que solía vivir", de donde los españoles sacaron "de una como alberca grande de agua un sol de oro como el que nos dio Montezuma".[2] Tetlepanquetzal, según dichas fuentes, falleció después del tormento.
Fuentes posteriores atribuyeron a Cuauhtémoc sin respaldo alguno un estoicismo pleno mostrado por Cuauhtémoc en ese trance. El testimonio dado por López de Gómara refiere que Tetlepanquetzal le pidió permiso para hablar y cesar el tormento, a lo que Cuauhtémoc respondió ¿crees acaso que yo estoy en un baño o deleite?. Un drama escrito en España en el siglo XIX popularizó la variante ¿crees que yo estoy en un lecho de rosas?[cita requerida].
Históricamente, ese comportamiento heroico es muy probable[cita requerida], entre otras cosas porque los dirigentes mexicas eran entrenados en el estoicismo, prioridad del plan de estudios del colegio de los nobles tenochcas[cita requerida], el Calmécac. El añadido habitual de que "no revelaron los secretos que los españoles buscaban" es de mayor incertidumbre, simplemente porque posiblemente nadie pudiera revelar tales secretos, de no existir el mítico tesoro que los españoles deseaban, más que buscaban.
Tras el episodio de la tortura, que dejó lisiado de por vida a Cuauhtémoc, como sostienen algunos[cita requerida], éste vuelve sorprendentemente a su papel de noble mexica respetado y bien tratado, pero cautivo, cuyo prestigio y autoridad utiliza Cortés para el gobierno de los vencidos.
Como todos los súbditos recién conquistados, se intentó convertirlo al cristianismo, pero solo lo consiguieron hasta el día que le dieron muerte[cita requerida]. Si seguimos a Héctor Pérez Martínez, su nombre católico habría sido el de Hernando de Alvarado Cuauhtémoc; otras fuentes citan sólo el de Hernando o Fernando. Los conversos recibían el nombre de los padrinos, y Pérez Martínez supone que los de Cuauhtémoc fueron el propio Hernán Cortés y Pedro de Alvarado.
[editar] Expedición a las Hibueras y muerte
En 1524, Cortés emprende viaje a las Hibueras (Honduras), en busca de uno de sus capitanes, Cristóbal de Olid. No es un viaje de rescate, sino de persecución: Cortés tiene constancia de que Cristóbal de Olid puede haberse confabulado con su viejo enemigo, el gobernador de Cuba Diego Velázquez, para poblar, conquistar y sobre todo obtener oro u otras riquezas en el sur, ignorándolo a él. Sabe Cortés que Cristóbal de Olid lo traiciona, de la misma forma en que él traicionó seis años antes a Diego Velázquez.
La expedición, enorme y cortesana, incluye desde ministriles (músicos de viento de la época) hasta médico y cirujano, pasando por suntuosas vajillas y cuberterías, y una piara que cierra la comitiva, para asegurar el avituallamiento. El contingente militar es, como ocurrió a lo largo de la conquista, más indígena que español, y en esta expedición más mexica que tlaxcalteca o de otros pueblos. No es de extrañar por tanto que en la expedición viajen varios notables mexicas, seguramente como mandos militares de esa tropa, y posiblemente también como embajadores y facilitadores de las relaciones con los pueblos de la ruta: Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal son dos de ellos.
Una vez más, el miedo hará que Cortés tome una decisión indigna, criticada por sus soldados según nos cuenta Díaz del Castillo. Tras un año de viaje, y en un momento crítico para la expedición le llegan rumores de que Cuauhtémoc está conspirando en contra de los españoles, decidido a atacarlos. Según Cortés, un tal Mexicalcingo, ("Ciudadano honrado de esta ciudad de Temixtitlan" escribe Cortés a Carlos V, aclarando además que tras su bautizo se llama Cristóbal) se dirigió al capitán español para narrarle una larga, y un tanto fantasiosa, historia de conspiración de Cuauhtémoc, que se iniciaría con el asesinato de Cortés, continuaría con la rebelión contra los españoles en todo el país, y terminaría con el bloqueo de México... "hecho esto, pondrían en todos los puertos de la mar recias guarniciones de gente para que ningún navío que viniese se les escapase". No se sabe si Cortés magnificó en su quinta carta de Relación el alcance de la conspiración, para justificar la ejecución una vez consumada. El hecho es que sintiéndose vulnerable, decidió mandar ahorcar a Cuauhtémoc y al cacique de Tacuba, Tetlepanquetzal, que volvieron a encontrarse ante el verdugo. Esto ocurrió el 28 de febrero de 1525, en un lugar del sur de Campeche llamado Xicalango. El cadalso debió ser una ceiba, árbol sagrado de los mayas. Habían pasado cuatro años desde el fin del sitio de Tenochtitlan, y quizá los mismos desde que se torturó quemándoles los pies a los caciques a los que ahora se ejecutaban.
Tanto las fuentes españolas (Bernal Díaz) como las indias cuestionan los motivos aducidos por Cortés. Según Prescott, el propio Mexicalcingo negó posteriormente haber narrado la historia de la conspiración tal como la reflejó Cortés en su quinta carta al emperador; sólo Fernando de Alva Ixtlilxochitl, un historiador mexicano del siglo XVII, avala la realidad de la conspiración.
Cuauhtémoc es uno de los personajes más reconocidos por los mexicanos como héroe nacional. En todos los rincones de México su nombre se usa en toponimia y onomástica, y su imaginada efigie aparece en monumentos, que hacen alusión a su coraje en la derrota, al pedir la muerte por el puñal de Cortés, o en el tormento, al reclamar estoicismo a sus compañeros de tortura. El 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando la muerte del prócer. A partir del siglo XIX su figura fue usada con fines nacionalistas, teniendo máximo ejemplo en la inauguración del Monumento a Cuauhtémoc obra de Miguel Noreña durante la dictadura de Porfirio Díaz.
El poeta mexicano Ramón López Velarde lo designa como el joven abuelo de México, y lo califica como único héroe a la altura del arte.
[editar] Los falsos restos de Cuauhtémoc
En 1949 la arqueóloga Eulalia Guzmán fue cómplice en un hecho penoso en la historia arqueológica mexicana: mediante falseamiento de datos y una incorrecta metodología arqueológica creyó descubrir restos humanos que atribuyó a Cuauhtémoc, debajo del piso de la iglesia del pueblo de Ixcateopan de Cuauhtémoc -denominación que recibió en 1950- en el Estado de Guerrero, hecho que se vio precipitado por presiones oficiales del gobernador cacique del estado de Guerrero, Rubén Figueroa, para forzar el descubrimiento, lo que se ha desechado en definitiva por fuentes arqueológicas. En la presentación oficial de los restos participó incluso el pintor Diego Rivera. Actualmente se ha demostrado que el cráneo de los supuestos restos es femenino y el resto de ocho individuos distintos. “Todo cae por su propio peso. Por eso esperamos que hagan pronto su trabajo y digan que aquí está Cuauhtémoc para que puedan regresar a la capital, pero con cabeza…”,[3] dijo entonces a los arqueólogos el gobernador. Desde entonces la polémica por la autenticidad ocasionó que Eulalia Guzmán decayera en su carrera profesional y fue relegada de los círculos académicos para siempre, aunque el hecho sigue considerándose como veraz popularmente, siendo motivo de un festival anual.
[editar] En su honor
[editar] Monumento a Cuauhtémoc
Localizado en la Ciudad de México en el cruce de Paseo de la Reforma y Avenida de los Insurgentes.
[editar] ARM Cuauhtémoc (BE-01)
El buque escuela de la Armada de México fue nombrado en su honor, en el se forman los cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar.
[editar] Notas y referencias
- ↑ "Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México, Porrúa, 2004, vigésima primera edición. Pp 374-375.
- ↑ a b c Martínez, José Luis. Hernán Cortés. México, Fondo de Cultura Económica, 1992.
- ↑ Matos Moctezuma, Eduardo. "Ichcateopany los restos de Cuauhtémoc" en Arqueología Mexicana, volumen 82. México, noviembre-diciembre de 2006.
[editar] Véase también
[editar] Bibliografía
- Carrillo de Albornoz, José Miguel, Moctezuma, el semidiós destronado — Espasa-fórum, Espasa-Calpe, 2004 ISBN 84-670-1415-6.
- Cortés, Hernán, Cartas de relación de la conquista de México— Colección Austral, Espasa-Calpe, 5ª ed. Madrid 1970.
- Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España— Colección Austral, Espasa-Calpe, 3ª ed. Madrid 1975.
- Madariaga, Salvador de. Hernán Cortés— Grandes biografías. Planeta de Agostini, Madrid 1995 ISBN 84-395-3817-0
- Miralles, Juan, Hernán Cortés, inventor de México— Tiempo de memoria, Tusquets, 4ª ed. Barcelona 2002 - ISBN 84-8310-758-9.
- Prescott, William H., Historia de la Conquista de México— Papeles del tiempo, Antonio Machado Libros Madrid 2004 ISBN 84-7774-237-5.
- Toscano, Salvador. Semblanza de Cuauhtémoc. México, Fondo de Cultura Económica.
[editar] Enlaces externos
- Cuauhtémoc, el águila que desciende - Semblanza del último Tlatoani tenochca
- David Alfaro Siqueiros, "Monumento a Cuauhtémoc: el tormento" (1951)
- "Tras los restos de Cuauhtemoc"
- Ichcateopan y los restos de Cuauhtémoc. Artículo de Eduardo Matos Moctezuma en Arqueología Mexicana
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