Ibero
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Los iberos o íberos es un pueblo que las fuentes clásicas (Hecateo de Mileto, Rufo Festo Avieno, Herodoto, Estrabón, etc.) identifican en la costa oriental de la península ibérica con este nombre al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelani, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos. Según la prosodia y la etimología latinas, la forma original sería ibero, sin embargo, según la Real Academia Española, íbero es asimismo correcta para referirse a dichos pueblos y su lengua.
[editar] Introducción
Aunque las fuentes clásicas no siempre coinciden en los límites geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como iberos desde el punto de vista de griegos y romanos, puesto que las inscripciones en lengua ibérica aparecen a grandes rasgos en el territorio que las fuentes clásicas asignan a los iberos: la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, que penetra hacia el interior por el valle del Ebro, por el valle del Segura , gran parte de la Mancha meridional y oriental hasta el río Guadiana y por el valle alto del Guadalquivir. Desde el punto de vista arqueológico actual, el concepto de cultura ibérica no es un patrón que se repite de forma uniforme en cada uno de los pueblos identificados como iberos, sino la suma de las culturas individuales que a menudo presentan rasgos similares, pero que se diferencian claramente en otros y que a veces comparten con pueblos no identificados como iberos.
[editar] Referencias históricas
La primera referencia que se tiene de los iberos es a través de los historiadores y geógrafos griegos. Curiosamente, los griegos también llamaban iberos a un pueblo de la actual Georgia, conocido como Iberia caucásica. Pero que sin duda, no tienen ningún parentesco.
Al principio, los griegos utilizaron la palabra ibero para designar al litoral mediterráneo occidental, y posteriormente, para designar a todos las tribus de la Península. También llamaban Iberia al conjunto de pueblos de la Península.
Las primeras descripciones de la costa andaluza mediterránea son de Apiano, aunque habla de pueblos y ciudades que ya habían desaparecido en su época. También describe la parte más occidental de Andalucía. Estrabón hace una descripción de esta zona basándose en autores anteriores, y se refiere a las ciudades de la Turdetania, como descendientes de la cultura de Tartessos. En general, autores como Plinio y otros historiadores latinos se limitan a hablar de pasada sobre estos pueblos como antecedentes de la Hispania romana.
Para estudiar a los iberos, se ha recurrido, además de a las fuentes literarias, a las fuentes epigráficas, numismáticas, y arqueológicas.
[editar] Origen de los Iberos
A pesar de que estos pueblos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. No se sabe detalladamente el origen de los iberos, aunque hay varias teorías que intentan establecer los diversos orígenes:
- Una teoría sugiere que llegaron a la Península Ibérica en el periodo Neolítico, y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer milenio antes de Cristo. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas situadas más al este.
- Otros estudiosos han sugerido que pueden tener su origen en el norte de África. Los íberos inicialmente se habría asentado a lo largo de la costa oriental de España y, posiblemente, más adelante se propagaron por todo el resto de la Península Ibérica.
- Otra teoría alternativa afirma que formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y los creadores/herederos de la gran cultura megalítica que surge en toda esta zona, posiblemente, una teoría respaldada por estudios genéticos. Los íberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente, los Celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el noveno y el séptimo siglo adC. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los íberos para conformar el grupo llamado celtíbero.
La palabra que define a este pueblo tribalizado, es Iber, que significa río –en vasco río es ibai. El rio Ebro, deriva también de esta palabra. Por lo tanto Iberia, significaría, país de los ríos. También se le han dado otros nombres: los Fenicios Ophiussa «País de las serpientes», debido a la gran cantidad de estos animales en aquella época en la península; los Cartagineses Ispania «País de los conejos», por la abundancia de estos, y los Romanos Hispania, que procede de la palabra púnica anterior, posteriormente, Hispania derivó en Spania y de ahí viene el nombre actual de España.
[editar] Lenguas y escrituras de Iberia
La lengua íbera es una lengua paleohispánica que está documentada por escrito, fundamentalmente, en signario íbero nororiental (o levantino) y ocasionalmente en signario íbero suroriental (o meridional) y en alfabeto greco-ibérico. Las inscripciones más antiguas de esta lengua se datan a finales del siglo V adC y las más modernas a finales del siglo I adC, o principios del siglo I ddC.
La lengua íbera se hablaba en la amplia franja costera que se extiende desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, y penetraba hacia el interior por el valle del Ebro, el valle del Júcar, el valle del Segura y el alto valle del Guadalquivir hasta el río Guadiana como límite noroeste. Las inscripciones en lengua íbera aparecen sobre materiales muy variados: monedas de plata y bronce, láminas de plomo, cerámicas áticas, cerámicas de barniz negro A y B, cerámicas pintadas, dolias, ánforas, fusayolas, estelas, placas de piedra, mosaicos, etc. Es, con diferencia, la lengua paleohispánica con más documentos escritos encontrados, unos dos millares de inscripciones, que representan el 95% del total.
Los textos en lengua íbera se pueden leer razonablemente bien, pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua íbera es una lengua sin parientes suficientemente cercanos que sean útiles para la traducción de textos. No obstante, existe una teoría, el vascoiberismo, que en su versión extrema identifica la lengua íbera con la lengua vasca y traduce sin problemas los textos íberos, pero esta teoría no tiene ninguna credibilidad en el ámbito académico. Sin llegar a la traducción de textos, muchos estudiosos de la lengua íbera reconocen ciertas afinidades entre la lengua íbera y la lengua vasca, o su variante más antigua: la lengua aquitana, hasta el punto que para algunos estas afinidaes ja serían suficientes para afirmar que pertenecen a la misma família.
[editar] Extensión de los iberos
Mayor extensión : los iberos llegaron a dominar toda la península ibérica y la zona sur de Francia. Retroceso : tras las invasiones Celtas, los iberos perdieron gran parte de la península, casi todo el norte, la meseta central y parte del sur. Reconquista : tras el empuje de los Galos de Francia, sobre las tribus iberas de este lugar, se vieron obligados a retroceder llegando a reconquistar casi toda la península, salvo algunas zonas del norte, que posteriormente conquistarían con ayuda de Roma, como por ejemplo, las tribus de Autrigones, Casristios y Várdulos, por la tribu ibera de los Vascones, originaria de Navarra.
[editar] Influencia de los flujos culturales en la cultura Ibera
El origen del sustrato cultural local que ejerció influencia en los íberos se remonta, cuando menos, al primer neolítico mediterráneo: la cultura agro-pescadora de la Cerámica Impreso-Cardial, que se extendió desde el Adriático hacia occidente, influyendo intensamente en los aborígenes paleolíticos y asimilando toda las regiones costeras del Mediterráneo occidental en el V milenio adC.
Hacia el 2600 adC se desarrolla en Andalucía oriental la civilización calcolítica, que se aprecia en los yacimientos de Los Millares (Almería) y Marroquíes Bajos (Jaén), estrechamente relacionados con la cultura portuguesa de Vila Nova y quizás (no probado) con alguna cultura del Mediterráneo oriental (Chipre).
Hacia 1800 adC, esta cultura se ve sustituida por la de El Argar (bronce), que se desarrolla independientemente y parece estar muy influida en su fase B (desde 1500 adC) por las culturas egeas contemporáneas (enterramientos en "pithoi").
Hacia 1300 adC, coincidiendo con la invasión del noroeste peninsular por los celtas, El Argar, que bien pudo haber sido un estado centralizado, da paso a una cultura "post-argárica", de villas fortificadas independientes, en su mismo ámbito. Tras la fundación de Marsella por los focenses (hacia 600 adC), los íberos reconquistan el noreste a los celtas, permitiendo la creación de nuevos establecimientos griegos al sur de los Pirineos.
A las comunidades establecidas al final de la edad del bronce se las considera sustrato indígena al hablar de la cultura íbera. Básicamente hay cuatro focos: El Argar, la cultura del Bronce Manchego, la del Bronce Valenciano y los Campos de Urnas del Noreste.
[editar] Invasiones a Iberia
[editar] Celtas
Los celtas, ya entrasen por los Pirineos o por el mar, lograron asentarse prácticamente la mitad de la península, pero sufriendo un retroceso enrome, los celtíberos, que Griegos y Romanos, pensaron eran mezlca de ambos pueblos, tras el descubrimiento de la cpaital Celtíbera, Numantia, por Adolf Schulten, se desmontó esta teoría, puesto que todos los restos encontrados, tanto materiales como humanos, indican que eran racialmente ibéricos, peusto que sus cráneos eran dolicocéfalos y no braquicéfalos como el de los celtas. Se puede hablar de una "cultura celtibérica", puesto que si que hay pruebas de que los Celtíberos tuvieran una pequeña influencia Celta. Los Celtas se asentaros por partes del norte, la meseta central y algunas zonas aisladas de suroeste de Portugal. Los restos de ciudades Celtas, indican que eran poblaciones no muy numerosas, puesto que sus ciudades, al contrario que los iberos, no solían estar muy pobladas, frente hasta los 10.000 habitantes que vivían en Numantia.
[editar] Fenicios
La antigua Iberia fue objeto de las ambiciones coloniales de los fenicios primero, que hacia el siglo IX adC fundaron su primera colonia ultramarina en el otro extremo del Mediterráneo, Gadir, buscando con seguridad las exuberantes y míticas riquezas minerales de la península y otros territorios atlánticos. También fundaron toda una serie de colonias por las costas andaluzas, como Toscanos (Torre del Mar), Malaka (Málaga) o Abdera (Adra), en Almería. Hay constancia de sus explotaciones en la península sobre todo de metales (oro, plata y estaño), en la zona de Río Tinto, y en otras minas de la provincia de Huelva. Todas estas explotaciones trajeron mucha riqueza, no sólo para los fenicios, también para las clases altas de los habitantes de la zona, comprobable por haberse encontrado varios tesoros en algunas necrópolis de la época.
[editar] Cartagineses
Los cartagineses[1] eran pueblos cananeos de origen fenicio asentados en la costa africana. Ya antes de la Segunda Guerra Púnica contra Roma, tuvieron un papel importante, sobre todo por su explotación de la península y las colonias que fundaron, como Ebysos o Ebousos (actual Ibiza). Esa colonización comenzó en el siglo V adC. A raíz de la enorme deuda que contrajeron con Roma en la Primera Guerra Púnica, comenzaron la explotación masiva de la península, sobre todo de metales, como la plata. Tuvieron que vencer fuertes resistencias indígenas como las de los guerrilleros Istolacio e Indortes.
[editar] Griegos
Los griegos entraron primero en contacto con Tartessos durante el siglo VIII adC. Fundaron más tarde asentamientos en Cádiz, Málaga (Mainake) y Alicante.
Los griegos focenses, procedentes del Asia Menor, fundaron asentamientos en la costa noroccidental mediterránea, como Massalia y posteriormente Emporion, Rhode, en el golfo de Rosas o Ullastret. La fundación de Emporion por los griegos marca el inicio de la disputa entre fenicios y griegos por las riquezas de las Hespérides, en la que los íberos, al ocupar la región costera mediterránea, se verán envueltos inevitablemente.
[editar] Ejército ibero
Aunque tampoco se tiene constancia de cómo se organizaban los ejércitos ibéricos,[2] parece ser que aún no contando con una indumentaria, un armamento y una organización regular y uniforme, como la del ejército romano; según los relatos de los historiadores de la antigüedad, de batallas contra los ejércitos iberos, su ejército sería irregular, es decir, reclutado según las circunstancias, aunque había una fuerte jerarquía guerrera en las castas de la sociedad ibérica, que se dedicaba exclusivamente a la guerra, muy ligada a la sociedad y cultura ibérica. Como parte de un ejército no regular, los iberos tenían que procurarse sus propias armas y protecciones, de ahí la variedad de combinaciones de éstas.
[editar] Formaciones y organización
Una de las formaciones de los ejércitos iberos, era la de una formación cerrada, parecida a la del ejército romano, así se cree, ya que los mercenarios iberos contratados por Roma, se adecuaban perfectamente a la formación cerrada romana, lo que hace pensar a los expertos que los soldados iberos estaban acostumbrados a formar así. Prueba de esto son las batallas contra los Ilergetes, en las que el ejército ibero atacaba en formación cerrada y compacta. Otra formación propia de los ejércitos iberos es la de guerrilla, la forma natural de guerrear de los iberos. Viriato, el jefe de los Lusitanos, utilizó esta táctica guerrillera para combatir a las legiones romanas, consiguiendo grandes victorias que le hicieron merecedor del nombre de "El terror de Roma". Todos los ejércitos iberos estaban comandados por un caudillo, un jefe militar que era elegido por los propios guerreros para guiarles en la batalla. Es dudoso que no hubiera más generales que este caudillo, ya que un ejército de hasta 10.000 hombres, e incluso más, no podía ser comandado por una sola persona. La muerte de Viriato es un ejemplo de que el caudillo también tenía sus capitanes para dirigir a sus tropas, ya que fueron sus propios lugartenientes los que lo asesinaron.
[editar] El guerrero ibero
Su carácter fue descrito por los griegos, quienes se fascinaron por unos soldados que se lanzaban al combate sin miedo alguno y que resistían peleando sin retirarse aún con la batalla perdida, los guerreros a los que se referían eran mercenarios iberos reclutados por los griegos para sus propias guerras.
Los romanos también volvieron a hacer hincapié después, en el carácter guerrero de los iberos, cuando, una vez eliminada la amenaza cartaginesa, se lanzaron a la conquista de Hispania, coincidiendo con los griegos en el valor y el desprecio a la muerte en la batalla que demostraban los iberos, tanto Roma como Cartago los contrataban como mercenarios. Roma también se refiere al ibero como un soldado muy leal. La "devotio", un juramento que consagraban a algún Dios, al cual ofrecían seguramente su vida por la de su caudillo y que los ligaba a él, hacía que esta "guardia personal" jamás sobreviviera a su jefe, ya que tanto si ganaban, como si no, si su caudillo moría, ellos también lo hacían, ya fuese luchando hasta morir, o suicidándose si le sobrevivían en la batalla. Cosa que aprovecharon algunos emperadores romanos, que mediante este ritual sagrado, se rodeaban de iberos porque sabían que tenían asegurada su lealtad y que el valor y el arrojo de estos guerreros, les protegería aún en las circunstancias más adversas y desfavorables.[3]
[editar] Armamento
El armamento del guerrero ibero, no era ni mucho menos regular, pero era muy similar independientemente de las distintas tribus.
Escudos
- La caetra: el escudo propio de los iberos, un escudo circular no muy grande, que se sujetaba al cuerpo del soldado mediante unas cuerdas, o tiras de cuero, que pasaban por el hombro y que otorgaban gran movilidad para combatir por el terreno tan irregular de la península. Este escudo podía tener variaciones en su protección metálica delantera.
- Escudo ovalado: también utilizaban un escudo ovalado, parecido al de los celtas, y del que se dice es su procedencia. Ofrecía muy buena protección contra las infanterías pesadas, sobre todo las romanas, con las que más lucharon.
- Ambos escudos eran adornados con símbolos y colores, sobre todo en el ovalado, en el que sus símbolos han pasado a ser casi un emblema por el que se reconoce a los iberos.
Espadas
- Gladius Hispaniensis:[4] la espada de las legiones de Julio César, la espada ibera por definición, la que el imperio romano adoptó para sus legiones y que bautizaron como "gladius hispaniensis", o sea, "espada española". Era un arma simple pero de gran calidad, y que los iberos utilizaban para "pinchar" al enemigo, cuando avanzaban en formación y cuando el enemigo se descubría, aunque también sería empleada para asestar "tajos". Esta espada no era muy grande, lo que le otorgaba una gran movilidad en las batallas, cuando el espacio era escaso. La hoja se podía utilizar por los dos lados y por la punta, al contrario que la falcata, que sólo se utilizaba un lado, para dar un golpe cortante, o de punta para atravesar al enemigo.
- Su forma no era recta de la base a la punta, sino que se estrechaba ligeramente hacia el centro y de nuevo, antes de llegar al extremo, se estrechaba para conformar la punta. La empuñadura de este arma formaba un disco en su parte central y después otro medio disco en el extremo, así se favorecía el agarre de la espada. Esta espada ha tenido muchas variantes, tanto por parte de Roma, como por parte de las tribus ibéricas con influencia celta, o las propias tribus celtas de la península, aisladas de las tribus celtas del resto de Europa, estos modelos se diferenciaban sobre todo por su empuñadura, que podría acabar en dos esferas, en una, etc.
- Falcata: también utilizaron una espada de la que tampoco se conoce su origen, pero que posiblemente fuese de origen griego. Esta espada no tenía mucho que ver con el modelo que parece ser trajo Grecia, ya que esta espada fue remodelada casi por completo. Su curvatura, su forja, su modelado, todo, fue cambiado, o quizás fuese ya así y que los griegos adoptaron de otra manera. Sea cual fuere su origen, esta espada infundía casi tanto terror como la "gladius hispaniensis", se creaba dejando el hierro oxidar, hasta que sólo quedase su núcleo más puro, lo que ofrecía una dureza enorme a la espada. Después, se fundía y se le daba la curvatura, (no todas tenían la misma curvatura) y el tamaño del propio brazo del guerrero, es decir, cada "falcata" era un arma única, ya que variaba la longitud del brazo de su portador y por lo tanto la de su hoja. La medida se tomaba desde el dedo corazón hasta el codo del brazo del guerrero. Esta espada, de igual modo que la "hispaniensis" llevaba acanaladuras en su hoja, para darle más ligereza. Su hoja se utilizaba para pinchar con la punta y para dar tajos por la parte inferior de la espada. Las empuñaduras de estas armas, solían tener forma de cabezas de animales, como caballos y aves. Formaban un óvalo que rodeaba la mano y que se cerraba en su parte de los nudillos, para poder dar golpes con la empuñadura si era preciso, pero se hacía, sobre todo, para proteger la mano de los ataques con espada de los enemigos.
- Otras espadas: también se han encontrado espadas que parecen ser rituales, o que por lo menos no eran muy utilizadas por los guerreros. Hay ejemplares de espadas largas, seguramente utilizadas por los celtas y que no gozaban de mucha fama entre los iberos, por ser armas que ofrecen poca movilidad y que sólo pueden ser utilizadas para golpear de arriba abajo cayendo sobre los hombros, limitando muchísimo al guerrero en los combates.
Lanzas
- Las lanzas eran armas muy presentes en los ejércitos iberos, tanto las de cuerpo a cuerpo como las arrojadizas. Las lanzas solían tener dos puntas, la principal en la parte superior y la secundaria, más pequeña y débil, en su parte inferior, que se utilizaba para pinchar al enemigo, cuando caía al suelo, o cuando se rompía la punta principal. El arma constaba de tres partes: el asta, que era por así decirlo, el palo al que iban sujetas las otras dos partes, la punta principal, y la punta inferior en forma de cono estrecho. Para sujetar las dos puntas, se solía incrustar a presión en la madera, para evitar así que se moviesen o se soltasen, como podía pasar con las que estaban atadas, otorgando así más resistencia y dureza en el arma.
Armas arrojadizas y de proyectiles
- Las armas utilizadas para desbaratar y aniquilar las líneas enemigas, utilizadas por los iberos eran muy variadas, pero la que controlaban con más destreza y de las más efectivas eran la honda.
- El soliferrum: era un arma hecha de hierro completamente, más larga que un hombre. Se utilizaba para lanzarla, aprovechando el peso y la superficie circular en punta de este arma, para conseguir atravesar cualquier escudo y armadura enemiga. Se podía utilizar un palo, a modo de resorte, que le otorgaba mayor empuje al soliferrum.
- La honda: este arma simple y arcaica, a simple vista puede parecer poco menos que inofensiva, pero no es así, un proyectil lanzado por un hondero, podía matar de un único golpe al enemigo. La fuerza centrífuga de la que se vale la honda, sumada al peso de los proyectiles, que eran lanzados a la vez y en gran número, podía hacer estragos en las líneas enemigas, ya sea por su mortalidad, o deshaciendo las líneas enemigas desorganizando y abriendo huecos en la caballería y la infantería enemiga para atacar mejor a las tropas enemigas.
- Los honderos iberos más famosos fueron los baleares, tropas de élite utilizadas por Cartago sobre todo y por Roma después. Los honderos iban equipados con hondas de distintos tamaños que utilizaban según el proyectil y la distancia a la que querían llegar; las llevaban enrolladas en el cinturón y siempre llevaban una honda atada en la cabeza, a modo de diadema. Los proyectiles podían ser de barro, piedra, e incluso de metal. Los proyectiles podían ser redondos y con forma ovalada, y los guardaban en un zurrón sujeto a la cintura.
- El arco: se tiene constancia de que el arco era utilizado por los iberos, aunque era prácticamente relegado para la caza de animales. La honda hacía mejor el papel de arma a distancia para los iberos.
Hachas
- Hacha bipenne: aunque poco comunes, parece ser, que las tribus del norte de la península, podrían haber utilizado este tipo de hacha, no sería extraño dado el rudo y salvaje carácter de las aisladas tribus del norte.
Puñales y cuchillos
- Pugio: es un puñal que también adoptó Roma para su ejército. Medía un palmo (del dedo corazón hasta la muñeca), muy parecido a la gladius hispaniensis.
- Cuchillo afalcatado: este cuchillo se llevaba en la vaina de la falcata, junto con otras puntas de lanzas de repuesto. También se solía utilizar en rituales de sacrificio de animales.
Corazas y protecciones
- Había varios modelos de coraza: la circular, la de escamas y la de anillas.
- Circular: la armadura por excelencia de los iberos era una simple pero efectiva coraza, que cubría las partes más vitales del pecho y de la espalda. Se ponía sobre una especie de coraza de cuero y sobre una superficie acolchada para amortiguar los golpes contra el cuerpo al pararlo. Solía estar decorada con una cabeza de lince, un animal sagrado, vinculado con el mundo de los muertos, quizá haciendo ver que el dios del inframundo les protegía ya la muerte huía de él. Se sujetaba pasando por el hombro y debajo de los brazos, lo que también ofrecía en menor medida una pequeña protección contra los tajos de las espadas.
- Escamas: era una protección, a modo de piel de serpiente, que ofrecía movilidad y a la vez una buena protección, aunque no se sabe cómo se hacían, ni cómo se sujetaban las placas de escamas –se han identificado con unos fragmentos hallados en la necrópolis de Almaluez (Domingo 1982: Lam. IV,4), aunque se adscriben a una época anterior. Algunas placas encontradas en Numancia se han interpretado como parte del revestimiento de las corazas de lino (Taracena 1954: 268).
- Había varios modelos, uno cubría únicamente el torso por delante, otro que cubría además de esto, los laterales, y la más completa, que cubría pecho, laterales y espalda. Debajo de estas protecciones se solía llevar una faldiquera de tiras de metal, parecida a la protección de anillas de los celtas. Todo combinado para ser una infantería pesada resistente y móvil.
- Anillas: está protección llegó a manos de los iberos, por la influencia de los celtas, y consistía en anillar a un anillo de metal otros anillos y estos anillos a otros y así sucesivamente. Esta protección, aunque un poco pesada, ofrecía mucha movilidad y una buena protección contra los tajos. Solía cubrir desde el cuello hasta la pierna, además se añadían unas hombreadas de anillas también, para proteger los golpes de filo de las grandes espadas celtas.
- Protecciones de cuero: además de estas corazas, solían llevar protecciones de grueso cuero curtido, para que los tajos "rebotaran" y no les hiriesen los filos de las espadas al utilizarlos de esa manera. Estas protecciones se solían llevar sobre todo con la coraza circular, era una especie de capa que se introducía por la cabeza y que terminaba en forma de pico por delante y detrás, llegando hasta un poco más abajo de la cintura. También hacían hombreras de este material con el que se protegían la parte superior de los tajos de las espadas y que también ofrecían una superficie que les protegía del contacto de las tiras de cuero que de las que llevaban colgadas los escudos y a veces las espadas.
- Protecciones de lana prensada : eran protecciones que se utilizaban para amortiguar los golpes de proyectiles de las hondas, como los tajos de las espadas amortiguándolos y rechazándolos. También se ponían debajo de las corazas para evitar el contacto directo con el metal y para ofrecer una protección suplementaria a éstas.
Grebas
- Además de la parte inferior se necesitaba proteger las piernas en los combates. Las grebas eran de metal recubiertas de un material lanoso por la parte inferior para evitar el contacto del metal con la piel. Se ataba con con dos tiras de cuero alrededor de la pantorrilla, o una sola tira más ancha. Se utilizaban tanto dos grebas (una en cada espinilla) como una sola greba (en una pierna); ya por carecer de medios para proporcionarse ambas o porque generalmente en los soldados de infantería, se porta el escudo con el brazo izquierdo y, para protegerse se adelanta éste y la pierna izquierda, quedando detrás, presto para ser usado, el brazo armado con el soliferrum o la falcata. Por ello, la pierna adelantada se protege con la greba de bronce.
Cascos
- Hay también varios modelos de cascos, unos propios y otros adquiridos por el comercio y por el trato con otros pueblos. Los había de cuero, metal, redondos, en pico...
- Cuero: los de cuero eran lo más comunes, solían ponerse en la cabeza de manera que cubriera toda la cabeza, orejas incluidas. Se le ponía fieltro prensado por la parte interior para acolchar la protección y amortiguar los golpes recibidos, no dejando que la cabeza los sintiese en exceso. Iba adornado comúnmente con una crin de caballo tintada en rojo que iba en la punta o en la parte superior y caía por debajo de la nuca en forma de coleta suelta. Otra forma de adornarla, era con una especie de cabeza de animal delante que iba hasta el cogote en forma de tubo y del que caía una coleta suelta, igual que el adorno anterior. También podía sin ningún tipo de adorno.
- Escamas de metal: los cascos utilizados para la infantería pesada solían ser de metal, ya que la situación requería una mayor protección frente a soldados mejor armados y protegidos. Se utilizaba con la protección de escamas, era un casco parecido al celta, de una sola pieza, que iba formando escamas hasta acabar en pico.
- Celta: el casco celta se utilizó sobre todo en la parte de influencia celta, era un casco liso, acabado en punta larga, sólo cubría la parte superior de la cabeza. Los más comunes solían llevar carrilleras que caían del casco protegiendo las mejillas de los soldados, aunque los iberos preferían no llevarlas, porque decían que les molestaba en la lucha. También llevaban una protección en la nuca para evitar cortes decapitantes en el cuello.
- Otros cascos: existía otro casco, utilizado sobre todo en la zona turdetana de Iberia, que era parecido al de cuero, pero más largo, caía sobre los hombros y llevaba también la crin de caballo. No se sabe con que material se hacía este casco, ya que no se ha encontrado ningún ejemplar de él en las excavaciones.
[editar] Asentamientos
[editar] Las ciudades
Las ciudades iberas[5] estaban construidas en cerros altos que les daban una importante ventaja frente a los enemigos. Estaban amuralladas por muros de piedras y adobe, sobre los que se intercalaban torres de vigilancia y las puertas a la ciudad. Algunas de estas ciudades eran muy numerosas en cuanto a población, llegando a ser hasta de 10.000 personas, como en Numancia. Estas ciudades lo eran todo para sus habitantes, dentro tenían sus casas que solían ser de planta rectangular y también estaban hechas de adobe sobre una base de piedras a modo de cimientos. Las ciudades estaban bien organizadas, tenían calles asfaltadas de piedras, sobre las que podían circular mejor los carros, y a ambos lados de éstas había aceras, de apenas un metro, por las que transitaban los habitantes. Se han encontrado restos de lo que podían ser grandes desagües para los desechos (excrementos). También hay restos de morteros de piedra con los que moler el grano y otros cereales para preparar alimentos.
[editar] Fortificaciones
Cuando las ciudades caían frente al enemigo, la población huía hacia las fortificaciones que tenían como último refugio. Los ciudadanos de las mismas tribus, e incluso de otras, solían ayudarse cuando había algún conflicto. Las ciudades de todas las tribus tenían un contacto permanente, e incluso contrataban gran número de soldados para sus guerras. Al mando de las ciudades estaba constituido un consejo, que tomaba las decisiones importantes.
[editar] Sociedad
La sociedad ibera, estaba fuertemente jerarquizada por varias castas sociales muy dispares, todas ellas con una perfecta y bien definida misión para hacer funcionar correctamente una sociedad que dependía de ella misma para mantener a su ciudad.
[editar] La casta guerrera
Su casta guerrera y noble era la que contaba con más prestigio y poder dentro de estas, también tenían gran importancia la casta sacerdotal, en la que las mujeres, como se observa en los túmulos funerarios, eran el vínculo de la vida y la muerte.
[editar] La casta sacerdotal
Las sacerdotisas gozaban de gran prestigio, ya que eran las que estaban en continuo contacto con el mundo de los dioses, aunque también había hombres que desarrollaban una tarea mística, prueba de ello son los sacerdotes lusitanos, que leían el futuro en los intestinos de los guerreros enemigos.
[editar] La casta artesana
Otra de las castas era la de los artesanos, apreciados porque de ellos salían los ropajes con los que se vestían y resguardaban del frío, los que elaboraban calzado, los que modelaban vasijas en las que guardar agua y alimentos y, sobre todo, por ser los que les hacían, a medida, armas y armaduras con las que se distinguían de las otras castas más bajas.
[editar] Otras castas
Finalmente estaba lo que se podría llamar "el pueblo llano", gente de distintos oficios que se dedicaban a los trabajos más duros.
[editar] Caballos y mulos
Aparte de las armas, poseer caballos otorgaba también gran prestigio y reflejaba poder, nobleza, y formar parte de la clase más pudiente. Los mulos también eran muy apreciados y muy bien pagados, ya que eran los que transportaban grandes cantidades de casi cualquier cosa.
[editar] Vestimentas
Los iberos se vestían con telas de distintas calidades, según su poder económico.
[editar] Guerreros
Según los textos antiguos, la prenda más habitual era un vestido de tela, como la de los romanos, con el ribete en rojo.
[editar] Sacerdotisas
Las sacerdotisas eran quizás las que más adornos tenían. De ellas vienen la mantilla y la peineta, con la que se solían cubrir la cabeza y el cuerpo, un ejemplo de ello es la Dama de Elche, y los moños que hoy se pueden ver en partes de Valencia.
[editar] Prendas de vestir
Otra prenda muy valorada, era el sagum, una capa de lana, que protegía del duro frío. Otra de las prendas que aún existen hoy, es una tela que a modo de diadema utilizaban los guerreros para recogerse el pelo. Su calzado era unas alpargatas, que se ataban a la pierna y el pie, en el invierno se cubrían los pies ya las piernas con unas botas de piel y pelo de animal.
[editar] Mundo divino
Poco se sabe del mundo de los dioses de los iberos, lo poco que se conoce es gracias a escritos de antiguos historiadores y filósofos, y a algún que otro resto arqueológico. De lo que sí se tiene constancia, es que animales como los toros, lobos, linces, o buitres, formaban parte de este mundo, ya fuese como dioses, símbolos, vínculos con el mundo mortal y sus 'espíritus', o el mundo divino.
[editar] Animales sagrados
El toro representaría la virilidad y la fuerza. El lince estaba vinculado al mundo de los muertos. Los buitres llevaban las almas de los guerreros muertos en las batallas al mundo de los dioses. No se sabe mucho más, ya que ha perdurado escasa información sobre estos asuntos.
[editar] Funerales
En los funerales se peleaba sobre la propia tumba hasta la muerte, como en el entierro de Viriato. En los túmulos se depositaban las armas del difunto, al que se incineraba y se introducía en una vasija de cerámica ornamentada. Hay túmulos con muchos recipientes cerámicos a los pies de una señora, como la Dama de Baza, que está sentada en una especie de trono alado, y que guarda y protege los restos y los ajuares funerarios.
[editar] Santuarios
Otra característica es el empleo de grutas o cavernas a modo de santuarios, en los que se depositaban pequeñas estatuillas, llamadas exvotos, como ofrenda a alguna deidad. Estas figuras son tanto de mujeres sacerdotisas como de hombres guerreros, a pie o a caballo, otras están sacrificando algún animal con un cuchillo, o mostrando su respeto con las manos en alto, o con los brazos abiertos.
[editar] Yacimientos arqueológicos
- Complejo Ibérico de Coimbra del Barrancho Ancho
- Sant Sebastià de la Guarda
- Cabezo de Alcalá
- Puente Tablas
- Grao de Castellón
- Alarcos
- Cerro de las Cabezas
- Castellet de Bernabe
- La Alcudia
[editar] Referencias
[editar] Notas
[editar] Bibliografía
- BELTRÁN, M. (1996): Los iberos en Aragón, Zaragoza.
- ESCACENA, J. L., 1987: El poblamiento ibérico en el Bajo Guadalquivir, Iberos. Actas de las I Jornadas sobre el Mundo Ibérico (1985), Jaén, 273-299.
- MOLINOS, M. et al. (1998), El santuario heroico de "El Pajarillo" (Huelma, Jaén), Jaén, Universidad de Jaén. ISBN 84-89869-36-7.
- PRESEDO, F., 1980: Los pueblos ibéricos, Historia de España Antigua. I. Protohistoria, Madrid.
- RUÍZ, A. y MOLINOS, M. (1993), Los iberos. Análisis arqueológico de un proceso histórico, Barcelona, Editorial Crítica. ISBN 84-7423-566-9.
- SANMARTÍ, J.; SANTACANA, J. (2005): Els ibers del nord, Barcelona.
- SANMARTÍ, J. (2005): «La conformación del mundo ibérico septentrional», Palaeohispanica 5, pp. 333-358.
- Adolf Schulten, Hispania: Geografía, etnología e historia..
- UNTERMANN, J. : Monumenta Linguarum Hispanicarum, Wiesbaden. (1975): I Die Münzlegenden. (1980): II Die iberischen Inschriften aus Sudfrankreicht. (1990): III Die iberischen Inschriften aus Spanien. (1997): IV Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften.
[editar] Véase también
[editar] Enlaces externos
Commons alberga contenido multimedia sobre Ibero.- La cultura ibérica en el Museu de Prehistòria de València
- Los iberos
- Epigrafía ibérica
- Mapa de los Pueblos Pre-Romanos de Iberia (circa 200 AC)