Estado confesional
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Un estado confesional es el que se adhiere a una religión especÃfica. Esa situación puede ser simplemente resultado de los usos y costumbres o tradición, o reflejarse en sus respectiva legislación, especialmente en la constitución. El que el estado reconozca una religión oficial, no significa que otras religiones no se permitan practicar libremente, bien públicamente o bien restringidas al ámbito privado. Esa situación es la de tolerancia religiosa o intolerancia.
La situación contraria es la de Estado aconfesional o separación Iglesia-Estado.
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[editar] Historia
Antes de la Edad Contemporánea, la situación de confesionalidad del estado era la condición natural de cualquier sistema polÃtico. En el Imperio Romano, el culto al emperador fue una forma de conciliar el politeÃsmo incluyente de todo tipo de religiones con la unidad polÃtica, y lo que convirtió al cristianismo (de hecho a cualquier monoteÃsmo que no aceptase el culto imperial) en una religión disolvente y por lo tanto perseguida. El Edicto de Milán de Constantino (que otrorgaba una especie de libertad religiosa), y el posterior edicto de Tesalónica de Teodosio convirtieron el cristianismo en la religión oficial del Imperio y establecieron el Papado y la Iglesia como instituciones paralelas al propio Estado. La desaparición del Imperio Romano de Occidente abrió la Edad Media que supuso una separación de hecho del cristianismo occidental (católico) y oriental (ortodoxo), que se hizo oficial con el Cisma de Oriente (1051). Mientras en el Imperio Bizantino la figura del emperador se impone sobre la Iglesia (cesaropapismo, iconoclasia), en Europa Occidental el dominium mundi es más disputado por la teocracia (agustinismo polÃtico, teorÃa de las dos espadas, querella de las investiduras). Las monarquÃas de Antiguo Régimen supusieron un control sobre sus iglesias católicas nacionales, mientras la Reforma luterana establece iglesias nacionales en los paÃses del norte de europa. El principio de la cuius regio eius religio (propuesto en la Dieta de Augsburgo que discutÃa la Confesión de Augsburgo, y definitivamente impuesto en la Paz de Augsburgo) impone que la religión del reino será la religión del rey. se impondrá en una era de guerras de religión que acabará con el tratado de Westfalia. Entre los escasos lugares de Europa que mantienen la tolerancia religiosa (aunque se mantengan como estados confesionales) se destacan los PaÃses Bajos y la SerenÃsima República de Venecia, además de, aunque parcialmente, el Imperio Otomano.
El primer estado en proclamar su indiferencia a los asuntos religiosos fue los Estados Unidos, influido por la ideologÃa de la Ilustración. La Revolución Francesa, que en algún momento intentó instaurar un culto descristianizado a la Diosa Razón, fue reconducida por Napoleón a un Concordato con el Papa. No será hasta la III República Francesa que Francia, la fille ainé de l'eglise(hija mayor de la Iglesia) y sede de los Reyes CristianÃsimos, incorpore a sus señas de identidad el laicismo, y la separación Iglesia-Estado.
Muchos paÃses europeos mantienen en la actualidad vÃnculos especiales con su religión tradicional, especialmente Inglaterra, cuya reina sigue considerándose cabeza de la Iglesia de Inglaterra y mantiene el tÃtulo de Defensor Fidei (defensor de la fe) que logró Enrique VIII.
Los paÃses musulmanes, donde la identificación de la comunidad polÃtica y religiosa (Umma) es muy fuerte, sufrieron procesos de algún modo similares: en el caso de TurquÃa, la conversión en una república laica con Mustafa Kemal Atatürk, y en Siria, Irak o Egipto con la ideologÃa árabe-socialista del movimiento Baaz o figuras como Nasser. El caso de Irán bajo el sah Reza Palevi es algo distinto, y precipitó el resurgimiento del fundamentalismo islámico (República islámica del Ayatolá Jomeini), que desde los años ochenta del siglo XX se está imponiendo con distintas variantes (salafismo sunnà de las monarquÃas árabes), aunque siempre en el sentido de conseguir una vida pública sometida a las normas religiosas (sariah o código judicial islámico).
En los paÃses asiáticos no islámicos las situaciones son tan distintas como sus sistemas polÃticos: estados oficialmente ateos como China pero que intervienen en las religiones, provocando divisiones en el budismo tibetano o el catolicismo, con una "iglesia nacional" y otra fiel a Roma, y situaciones lejanamente asimilables a las de Europa, como Japón, cuya familia imperial sigue manteniendo funciones religiosas, o India, cuya independencia se hizo en un ambiente de luchas religioso-étnicas entre musulmanes e hindúes que forzaron la separación de Pakistán y Bangla Desh (que el Partido del Congreso de Gandhi, Nehru e Indira Gandhi quisieron evitar). En la actualidad hay un fuerte movimiento que propugna la hinduización del estado indio.
[editar] Casos
[editar] España
Concretamente en España la religión oficial habÃa sido el Catolicismo desde la conversión de Recaredo (año 589), el Islam en Al-Andalus (siglos VIII al XV, con decreciente extensión territorial), y de nuevo el catolicismo tras la Reconquista. Durante ese periodo, aun siendo la religión un motivo de discriminación legal y división y enfrentamientos sociales (aparte de los militares), existÃa tolerancia religiosa en mayor o menor grado. Con el reinado de los Reyes Católicos y sus sucesores los Habsburgo en lo que se denominaba la MonarquÃa Católica, comenzó un periódo de búsqueda del máximo religioso que supuso la expulsión de los judÃos de España (1492), la expulsión de los moriscos (1609) y la persecución de los protestantes. La estrecha identificación de la Iglesia con la MonarquÃa explican el papel de instituciones como la Inquisición, el patronato regio o las Bulas Alejandrinas que justificaron la conquista y colonización de América. Se consideraba a España más papista que el papa, por su intervención en lo que se denominaba la defensa de la fe católica en los campos de batalla de las guerras religiosas del siglo XVI y en la polÃtica exterior (menos realista que la del mismo papado). La intervención de teólogos españoles en el Concilio de Trento para la adopción de una la postura intransigente fue tan notable que se originó el mote luz de Trento, martillo de herejes. Felipe II llegó a decir prefiero perder mis estados que gobernar sobre herejes (y asà ocurrió efectivamente con la Revuelta de los PaÃses Bajos).
Aun asÃ, eso no limitaba la existencia de fortÃsimos conflictos, como el que suscitaba el fuero eclesiástico y los intentos de control por parte del estado (regalismo). Algunos conflictos notables fueron el del arzobispo Bartolomé Carranza, o, durante el ilustrado reinado de Carlos III la Expulsión de la CompañÃa de Jesús (1767) o el proceso de Olavide.
La constitución de Cádiz de 1812 proclamaba que la religión no sólo del Estado, sino de la Nación misma, es y será siempre la católica, apostólica y romana, única verdadera. La tolerancia religiosa que acompañó al Régimen Liberal permitió el comienzo de la actividad de propagandistas protestantes como George Borrow. Simultáneamente se hace cada vez más evidente un proceso de descristianización, fortalecido por el apoyo del clero al bando absolutista durante la Guerra Carlista, y que explica la quema de conventos de 1835.[1] El poder económico del clero se acaba con la desamortización. Las relaciones oficiales con la Iglesia se recuperan con el concordato, por el que el estado se obliga al mantenimiento de los eclesiásticos con fondos públicos. La camarilla de Isabel II fue llamada la corte de los milagros]] (Sor Patrocinio, llamada la monja de las llagas y el Padre Antonio MarÃa Claret, dieron origen a la novela de Valle Inclán). La alternancia de progresistas y moderados iba dando el pulso de una mayor o menor aproximación a la iglesia, siendo el momento más alejado el Sexenio Revolucionario (1868-1874), y el más próximo la Restauración borbónica, en que se expulsó de la universidad a los que no se ajustaran a la ortodoxia religiosa (Francisco Giner de los RÃos, que se vio forzado a fundar la Institución Libre de Enseñanza). El crecimiento de las comunidades religiosas fue visto con tanto recelo por los liberales dinásticos que se llegó a promulgar la ley del candado, que lo limitaba.
En la Segunda República se instauró un Estado laico (prohibiendo por ejemplo a los religiosos ejercer la enseñanza y expulsando a los jesuÃtas). Después de la Guerra Civil, bajo la dictadura de Franco el estado volvió a ser confesional (a veces hasta la exageración, en contraposición del periodo anterior), identificándose con el término nacionalcatolicismo.
Tras la proclamación de la Constitución Española en 1978, España es formalmente un estado aconfesional, manteniendo relaciones con los distintos credos.
Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones
Constitución Española, art. 16.3
No obstante, la Iglesia Católica tiene en España una posición especial, apoyada en el Concordato de 1978, un acuerdo con la Santa Sede que fue aprobados por las Cortes antes de que la Constitución entrara en vigor, basada en la subvención por parte del Estado (en 2006 se llegó al acuerdo de destinar el 0,7% de los ingresos del IRPF) y en una posición privilegiada en la enseñanza (obligación de los centros de ofertar la clase de religión católica, voluntaria para los alumnos, y financiación pública para la enseñanza concertada, en su mayor parte bajo el control de distintas organizaciones católicas). Los conflictos entre la Conferencia Episcopal y los sucesivos gobiernos de la democracia han sido recurrentes, particularmente durante el gobierno de RodrÃguez Zapatero, en que la emisora de radio COPE, controlada por aquélla, ha pasado a ser el principal medio de comunicación de oposición al gobierno, junto con el periódico El Mundo. Asuntos como el matrimonio homosexual o la citada clase de religión han producido macromanifestaciones promovidas desde grupos católicos, en un intento de recristianizar la vida pública mucho mayor que el que se dio en el comienzo de la transición en respuesta a las leyes del divorcio (con la UCD de Adolfo Suárez en el gobierno) o el aborto (con el PSOE de Felipe González).
[editar] Chile
Durante la República Liberal, lo único que se hablaba era de la Iglesia. Durante esos años, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Rafael ValentÃn Valdivieso, tuvo un Grave Conflicto entre la Iglesia y el Estado. A la muerte de Monseñor Valdivieso, es sucedido en el cargo por Monseñor JoaquÃn LarraÃn Gandarillas como Vicario Capitular, proponiéndose por nombre del Presidente Anibal Pinto, propone a Don Francisco de Paula Taforó como Arzobispo de Santiago, la Santa Sede no acepta nombrar a Francisco de Paula Taforó y más tarde, el Presidente Domingo Santa MarÃa insistirÃa por su nombramiento y Roma vuelve a negarse. La pugna entre la Iglesia y el Estado, llega a su fin, cuando el Presidente de la República, José Manuel Balmaceda propone al Papa León XII, el Nombramiento de Monseñor Mariano Casanova, como Arzobispo de Santiago. Luego de una pugna que culmina con la Revolución de 1891, comienza el Parlamentarismo, que se extiende hasta 1925, cuando el Presidente de la República, Arturo Alessandri Palma, promulga la Constitución de 1925, luego de conversaciones sostenidas con el Arzobispo de Santiago, Monseñor Crescente Errázuriz Valdivieso, para separar la Iglesia y el Estado. El origen de esto, se da con la promulgación de las Constituciones de 1828 y 1833, respectivamente.
[editar] Referencias
- ↑ CALLAHAN, William J. Iglesia, poder y sociedad en España 1750-1874, Madrid, Nerea ISBN 84-86763-12-6
[editar] Véase también
- Derecho religioso
- Derecho eclesiástico
- Teocracia
- Estado aconfesional
- Laico
- AteÃsmo
- Separación Iglesia-Estado